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Pongamos a las emociones a trabajar para nosotras.


Emociones. Qué son y para que sirven.

 

Cuando pensamos en emociones pensamos en las “buenas”, como la alegría y las “malas”, como la tristeza. Y ¿sabéis que ocurre? Que estamos equivocadas, todas las emociones (a excepción de dos, culpa no entendida como responsabilidad y vergüenza) son buenas, todas han evolucionado con los humanos para ayudarnos a estar bien.

 

Hablemos de emociones. Existen 5 emociones básicas, estas las sentimos igual aquí que en Pekín. Son la alegría, la tristeza, la ira, el miedo y el asco. Después, todas estas emociones se juntan y de la mezcla salen hasta 270 distintas.

 

Veamos los 5 básicas, que son, cómo las reconocemos, para que sirven y que podemos hacer con ellas.

 

Tristeza:

 

-Sucede cuando tenemos alguna pérdida. Ya sea real o no. Me explico mejor. Podemos quedarnos huérfanos, perder un amor o unas vacaciones, pero también podemos perder la esperanza o la idea que nos habíamos hecho sobre como era nuestra relación de amistad con alguien.

 

-La tristeza nos deja sin energías, sin ganas de hablar, de salir de casa o hacer nada.

 

-Ella nos hace estar más introspectivas, nos regala tiempo y un oído dentro de nosotras para entender que nos ocurre.

 

-Nos coge de la mano para poder recolocar lo que hemos perdido, es decir, nos deja comenzar a vivir el proceso de duelo.

 

Ira:

 

-Aparece cuando sentimos que alguien, el mundo, o nosotras mismas, nos hemos tratado mal, que contra nosotras se ha cometido una injusticia.

 

-Nos pone tensas, con una energía que nos sale por las orejas.

 

-Justo esto nos puede dar el empujón para enfrentarnos a lo que no nos ha tratado mal.

 

-Nos sirve para intentar que lo que nos daña se aleje o no vuelva a ocurrir.

 

Miedo:

 

-El miedo aparece ante un peligro.

 

-Puede arrancar de nosotras tres respuestas. La primera, paralización, no nos sirve de nada. Las otras dos si son muy útiles, tan solo debemos calibrar cual es la mejor opción frente a la amenaza que tengamos en frente. Huida o lucha. Según cual elijamos, nuestro cuerpo reaccionará, ya sea temblando en una esquina, con los músculos de las piernas bien tensos para echar a correr o los puños apretados para enfrentarlo.

 

-El miedo nos protege, nos aleja de lo que puede dañarnos, o nos hace ser valientes (no puedes ser valiente si no tienes miedo de un peligro, a eso se le llama ser una inconsciente).

 

-Con él ¿qué podemos hacer? Pues lo dicho, lucha o huida.

 

Asco:

 

-El asco es la primera emoción que sentimos tras llegar al mundo. Es una sensación de desagrado.

 

-La sentimos como si el cuerpo rechazara lo que tenemos enfrente. Puede ser algo físico, como nauseas o mareo, o algo psicológico.

 

-Es nuestro sistema límbico, de nuevo, alejándonos de lo que puede hacernos mal.

 

-Hagámosle caso, alejémonos, ya sea de esa leche que lleva mucho tiempo abierta en la nevera, o de esa persona que nos suscita repugnacia.

 

Alegría:

 

-Es una sensación de satisfacción, de placer.

 

-Nos sentimos con el cuerpo destensado, sonreímos o reímos a carcajadas.

 

-La alegría nos grita: si, que bien nos hace esto.

 

-Dejémonos guiar por ella y acerquémonos a lo bueno.

 

*Un extra: culpa.

 

  • La sentimos al romper las reglas culturales o por el pensamiento de cometer esta transgresión.
  • En el cuerpo tenemos como un nudo que nos dice que hemos fallado, que lo hemos hecho mal, que somos malas.
  • No nos sirve para nada, tan solo nos hace sentir mal.
  • Debemos pararnos a analizar que es lo que lo que nos hace sentir asi, ver si es real, si somos responsables (y esta es la clave) o no de algún mal a otros o a nosotros, y si es así, podemos hacer tres cosas. Solucionarlo si se puede, aprender para la próxima y perdonarnos.

Si no es cierto que somos responsables, debemos pensar en si son las normas de afuera las que nos hacen sentir mal por no haberlas seguido, lo que nos han dicho que está bien y que está mal. O si realmente hemos seguido nuestras propias normas.

 

¿Qué hacemos con todo esto?

 

Muchas veces corremos por la vida sin pararnos a atender lo que nos bulle dentro. Y más si lo que va brotando son emociones displacenteras (recordemos que no malas, pero si es cierto, que molestas). Y vamos guardando dentro de nosotras todo eso que nos incomoda. Por que sucede que nos han enseñado que “calladitas estamos mas guapas”, las niñas buenas no molestan y por supuesto, somos seres dulces, cálidos que reparten con sus atenciones el amor la bondad y la belleza. Por que siempre estamos para las demás, lo contario sería egoísta, claro. (¿Cuándo una madre repartió la comida en la mesa y se puso el filete más grande?)

Con todo esto en nuestras cabezas (de un modo más o menos consciente), ¿quién es la que da un golpe en la mesa, la que pide tiempo para poder entender que está sintiendo o la que tiembla de miedo ante sus hijos?

 

Todo esto nos hace, junto con la tónica de que en este mundo todo debe ser rápido y fácil, que muchas veces acumulemos emociones no atendidas hasta el punto de quebrarnos, ya sea explotando de ira o rompiéndonos en un llanto inconsolable de un modo desproporcionado a la situación que tenemos delante. Pero recordemos, es solo la gota que nos colma. Dentro llevamos un río, por no haber ido escuchándonos, entendiéndonos y cuidándonos en cada momento que lo hemos necesitado.

Justo esto es lo que vamos a hacer, vamos a escucharnos, a través del cuerpo y dejar que las emociones vayan saliendo para poder colocarlas dentro de nosotras.

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