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Castigo Vs Refuerzo positivo.


Caminando por la calle escucho a un par de ancianos hablando sobre un nieto maleducado, y como opinan que la culpa de esto lo tiene la falta de castigo físico.

 

Existen tres tipos de estilos educativos, el autoritario, donde a los niños se les pone reglas estrictas y se les castiga si nos las cumplen. El permisivo, donde se les permite hacer lo que quieran. Y el democrático, donde se pacta con los niños unas reglas justas.

 

Los señores a los que escuché en la calle pensaban que el estilo autoritario es el que mejor funciona. Pero esto no es así. Existen múltiples estudios que demuestran que obligar a obedecer a los menores a través de castigos no es una buena idea, veamos por qué.

 

-El castigo solo funciona a corto plazo, por que corta la conducta inmediatamente, pero no ofrece una alternativa sana al mal comportamiento, ni invita a reflexionar para buscar una solución.

-Además, el castigo genera ansiedad y no muestra un modelo de conducta resolutivo. Es decir, el adulto que me educa, no se comporta resolutivamente, por lo tanto no me educa de esta manera.

-El castigo daña la autoestima de los niños, mostrándoles que son malos y que no hacen bien las cosas.

-El castigo violento, por ligera que sea la fuerza ejercida, solo conseguirá aumentar la agresividad a largo plazo del menor. En ningún caso debe de ser una opción para los padres el uso de la violencia contra los hijos.

-El castigo puede hacer que los niños nos mientan para no ser castigados. Haciéndoles ver que la mentira es una buena estrategia.

-El castigo sólo enseña a obedecer o a someterse, no a ser asertivos.

 

Entonces, ¿dejamos que los niños hagan lo que les de la gana? Pues no, en este caso, nuestro estilo educativo sería el permisivo, y ha resultado tan catastrófico como el autoritario.

 

A los niños hay que mostrarles que existen unas reglas, y que hay que cumplirlas. También deben de entender que las acciones tienen consecuencias, y la mejor forma de hacerlo, según cientos de estudios, es el refuerzo positivo.

El refuerzo positivo consiste en motivar al menor en el buen comportamiento a través del ofrecimiento contingente de algo agradable. Es decir, cuando el niño se comporta de un modo adecuado, debemos de otorgarles un estimulo agradable. Este puede ser unas palabras bonitas sobre lo bien que lo ha hecho, o lo bueno que es, puede ser un abrazo o un beso, una gran sonrisa o un tiempo de jugar juntos. También se le puede premiar con un juguete, pero los estudios nos hablan de que los reforzadores sociales (los que nombrábamos en la frase anterior) son mejores que los materiales.

 

Es cierto que a veces los niños son muy traviesos, y que nos costará frenarnos a la hora de castigarlos. Nosotros también somos personas, y nos enfadamos, es natural. Pero intentaremos, sabiendo que es lo mejor, tomar aire, y ejercitar nuestra paciencia. Los castigos también pueden aplicarse, pero tan solo en momentos puntuales, cuando la situación sea grave.

Para casos de mal comportamiento moderado, utilizaremos, además del reforzamiento positivo, la extinción. Y bien ¿en que consiste esto? Pues la extinción se usa básicamente no prestándole atención al niño cuando se porta mal. Muchas veces, el mal comportamiento se utiliza como recurso para llamar nuestra atención. Por lo que si no le hacemos caso, el niño dejará de comportarse así.

La idea es hacerle entender que si se porta bien, tendrá nuestro tiempo, y nuestra alegría, y si se porta mal, no.

 

El refuerzo positivo, para que funcione, debe de haber sido explicado antes de la acción, por ejemplo: si te comes la berenjena, después jugaremos a lo que tú elijas. Debe de explicarse una forma sencilla, y cumplir con lo que prometemos, y además hacerlo de una forma inmediata, que el estímulo agradable siga a la buena forma de actuar. Otra cosa a tener en cuenta son los gustos y preferencias del niño, el refuerzo debe de resultar agradable para él, de nada nos sirve regalarle una partida de videojuegos a un niño al que no le interesan.

 

Y por último, no debemos olvidar que al actuar así, el niño puede reflexionar sobre que es lo que está, y lo que no, bien, y aprende sobre consecuencias. Además, estamos siendo un buen modelo a seguir, de modo que cuando sean adultos, puedan enfrentarse al mundo de un modo asertivo.

 

 

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